|
Barinitas, Enero 27, 2006
Excelencias de la sotana
Fuente: Fondo Cultural Católico
Autor: P. Jaime Tovar Patrón
Esta breve colección de textos nos
recuerda la importancia del "uniforme
sacerdotal", la sotana o hábito talar.
Valga otro tanto para el hábito
religioso propio de las órdenes y
congregaciones. En un mundo
secularizado, no hay mejor testimonio
cristiano de parte de los consagrados a
Dios que la vestimenta sagrada en los
sacerdotes y religiosos.
Siete excelencias de la sotana
"Fíjese si el impacto de la sotana es
grande ante la sociedad, que muchos
regímenes anticristianos la han
prohibido expresamente. Esto debe
decirnos algo. ¿Cómo es posible que
ahora, hombres que se dicen de Iglesia
desprecien su significado y se nieguen a
usarla?"
Hoy en día son pocas las ocasiones en
que podemos admirar a un sacerdote
vistiendo su sotana. El uso de la
sotana, una tradición que se remonta a
tiempos antiquísimos, ha sido olvidado y
a veces hasta despreciado en la Iglesia
posconciliar. Pero esto no quiere decir
que la sotana perdió su utilidad sino
que la indisciplina y el relajamiento de
las costumbres entre el clero en general
es una triste realidad.
La sotana fue instituida por la Iglesia
a fines del siglo V con el propósito de
darle a sus sacerdotes un modo de vestir
serio, simple y austero. Recogiendo esta
tradición, el Código de Derecho Canónico
impone el hábito eclesiástico a todos
los sacerdotes (canon 136).
Contra la enseñanza perenne de la
Iglesia está la opinión de círculos
enemigos de la Tradición que tratan de
hacernos creer que el hábito no hace al
monje, que el sacerdocio se lleva
dentro, que el vestir es lo de menos y
que lo mismo se es sacerdote con sotana
que de paisano.
Sin embargo, la experiencia demuestra
todo lo contrario, porque cuando hace
más de 1.500 años la Iglesia decidió
legislar sobre este asunto fue porque
era y sigue siendo importante, ya que
ella no se preocupa de niñerías.
Seguidamente exponemos siete excelencias
de la sotana condensadas de un escrito
del ilustre Padre Jaime Tovar Patrón.
1º - El recuerdo constante del
sacerdote
Ciertamente que, una vez recibido el
orden sacerdotal, no se olvida
fácilmente. Pero nunca viene mal un
recordatorio: algo visible, un símbolo
constante, un despertador sin ruido, una
señal o bandera. El que va de paisano es
uno de tantos, el que va con sotana, no.
Es un sacerdote y él es el primer
persuadido. No puede permanecer neutral,
el traje lo delata. O se hace un mártir
o un traidor, si llega el caso. Lo que
no puede es quedar en el anonimato, como
un cualquiera. Y luego... ¡Tanto hablar
de compromiso! No hay compromiso cuando
exteriormente nada dice lo que se es.
Cuando se desprecia el uniforme, se
desprecia la categoría o clase que éste
representa.
2º - Presencia de lo sobrenatural en
el mundo
No cabe duda que los símbolos nos rodean
por todas partes: señales, banderas,
insignias, uniformes... Uno de los que
más influjo produce es el uniforme. Un
policía, un guardián, no hace falta que
actúe, detenga, ponga multas, etc. Su
simple presencia influye en los demás:
conforta, da seguridad, irrita o pone
nervioso, según sean las intenciones y
conducta de los ciudadanos.
Una sotana siempre suscita algo en los
que nos rodean. Despierta el sentido de
lo sobrenatural. No hace falta predicar,
ni siquiera abrir los labios. Al que
está a bien con Dios le da ánimo, al que
tiene enredada la conciencia le avisa,
al que vive apartado de Dios le produce
remordimiento.
Las relaciones del alma con Dios no son
exclusivas del templo. Mucha, muchísima
gente no pisa la Iglesia. Para estas
personas, ¿qué mejor forma de llevarles
el mensaje de Cristo que dejándoles ver
a un sacerdote consagrado vistiendo su
sotana? Los fieles han levantando
lamentaciones sobre la desacralización y
sus devastadores efectos. Los
modernistas claman contra el supuesto
triunfalismo, se quitan los hábitos,
rechazan la corona pontificia, las
tradiciones de siempre y después se
quejan de seminarios vacíos; de falta de
vocaciones. Apagan el fuego y luego se
quejan de frío. No hay que dudarlo: la
desotanización lleva a la
desacralización.
3º - Es de gran utilidad para los
fieles
El sacerdote lo es, no sólo cuando está
en el templo administrando los
sacramentos, sino las veinticuatro horas
del día. El sacerdocio no es una
profesión, con un horario marcado; es
una vida, una entrega total y sin
reservas a Dios. El pueblo de Dios tiene
derecho a que lo asista el sacerdote.
Esto se les facilita si pueden reconocer
al sacerdote de entre las demás
personas; si éste lleva un signo
externo. El que desea trabajar como
sacerdote de Cristo debe poder ser
identificado como tal para el beneficio
de los fieles y el mejor desempeño de su
misión.
4º - Sirve para preservar de muchos
peligros
¡A cuántas cosas se atreverán los
clérigos y religiosos si no fuera por el
hábito! Esta advertencia, que era sólo
teórica cuando la escribía el ejemplar
religioso P. Eduardo F. Regatillo, S.
I., es hoy una terrible realidad.
Primero, fueron cosas de poco bulto:
entrar en bares, sitios de recreo,
alternar con seglares, pero poco a poco
se ha ido cada vez a más.
Los modernistas quieren hacernos creer
que la sotana es un obstáculo para que
el mensaje de Cristo entre en el mundo.
Pero, al suprimirla, han desaparecido
las credenciales y el mismo mensaje. De
tal modo, que ya muchos piensan que al
primero que hay que salvar es al mismo
sacerdote que se despojó de la sotana
supuestamente para salvar a otros.
Hay que reconocer que la sotana
fortalece la vocación y disminuye las
ocasiones de pecar para el que la viste
y los que lo rodean. De los miles que
han abandonado el sacerdocio después del
Concilio Vaticano II, prácticamente
ninguno abandonó la sotana el día antes
de irse: lo habían hecho ya mucho antes.
5º - Ayuda desinteresada a los demás
El pueblo cristiano ve en el sacerdote
el hombre de Dios, que no busca su bien
particular sino el de sus feligreses. La
gente abre de par en par las puertas del
corazón para escuchar al padre que es
común del pobre y del poderoso. Las
puertas de las oficinas y de los
despachos por altos que sean se abren
ante las sotanas y los hábitos
religiosos. ¿Quién le niega a una
monjita el pan que pide para sus pobres
o sus ancianitos? Todo esto viene
tradicionalmente unido a unos hábitos.
Este prestigio de la sotana se ha ido
acumulando a base de tiempo, de
sacrificios, de abnegación. Y ahora, ¿se
desprenden de ella como si se tratara de
un estorbo?
6º - Impone la moderación en el
vestir
La Iglesia preservó siempre a sus
sacerdotes del vicio de aparentar más de
lo que se es y de la ostentación
dándoles un hábito sencillo en que no
caben los lujos. La sotana es de una
pieza (desde el cuello hasta los pies),
de un color (negro) y de una forma
(saco). Los armiños y ornamentos ricos
se dejan para el templo, pues esas
distinciones no adornan a la persona
sino al ministro de Dios para que dé
realce a las ceremonias sagradas de la
Iglesia.
Pero, vistiendo de paisano, le acosa al
sacerdote la vanidad como a cualquier
mortal: las marcas, calidades de telas,
de tejidos, colores, etc. Ya no está
todo tapado y justificado por el humilde
sayal. Al ponerse al nivel del mundo,
éste lo zarandeará, a merced de sus
gustos y caprichos. Habrá de ir con la
moda y su voz ya no se dejará oír como
la del que clamaba en el desierto
cubierto por el palio del profeta tejido
con pelos de camello.
7º - Ejemplo de obediencia al
espíritu y legislación de la Iglesia
Como uno que comparte el Santo
Sacerdocio de Cristo, el sacerdote debe
ser ejemplo de la humildad, la
obediencia y la abnegación del Salvador.
La sotana le ayuda a practicar la
pobreza, la humildad en el vestuario, la
obediencia a la disciplina de la Iglesia
y el desprecio a las cosas del mundo.
Vistiendo la sotana, difícilmente se
olvidará el sacerdote de su papel
importante y su misión sagrada o
confundirá su traje y su vida con la del
mundo.
Estas siete excelencias de la sotana
podrán ser aumentadas con otras que le
vengan a la mente a usted. Pero, sean
las que sean, la sotana por siempre será
el símbolo inconfundible del sacerdocio
porque así la Iglesia, en su inmensa
sabiduría, lo dispuso y ha dado
maravillosos frutos a través de los
siglos.
Notas
- El autor: El Padre Jaime Tovar Patrón,
coronel capellán, ocupó importantes
responsabilidades en el Vicariato
Castrense. Oriundo de Extremadura,
España, fue rotundo orador sacro. Autor
del libro Los curas de la Cruzada,
auténtica enciclopedia de los heróicos
sacerdotes que desarrollaron su labor
pastoral entre los combatientes de la
gloriosa Cruzada de 1936. Es además, una
historia del sacerdocio castrense.
Falleció en enero del 2004.
- Código de Derecho Canónico (1983):
Título III. De los ministros sagrados o
clérigos 284 Los clérigos han de vestir
un traje eclesiástico digno, según las
normas dadas por la Conferencia
Episcopal y las costumbres legítimas del
lugar. 285. 1. Absténganse los clérigos
por completo de todo aquello que desdiga
de su estado, según las prescripciones
del derecho particular. 2. Los clérigos
han de evitar aquellas cosas que, aun no
siendo indecorosas, son extrañas al
estado clerical.
- CONVIENE RECORDAR: Muchos sacerdotes y
religiosos mártires han pagado con su
sangre el odio a la fe y a la Iglesia
desatado en las terribles persecuciones
religiosas de los últimos siglos. Muchos
fueron asesinados sencillamente por
vestir la sotana. El sacerdote que viste
su sotana es para todos un modelo de
coherencia con los ideales que profesa,
a la vez que honra el cargo que ocupa en
la sociedad cristiana.
Si bien es cierto que el hábito no hace
al monje, también es cierto que el monje
viste hábito y lo viste con honor. ¿Qué
podemos pensar del militar que desprecia
su uniforme? ¡Lo mismo que del cura que
desprecia su sotana! |