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INAUGURACIÓN ACADEMICA  
      








SEMINARIO NUESTRA SEÑORA DEL PILAR.

   Apertura de AÑO  ACADÉMICO 2009- 2010

       

        Al Inicio  de este año Académico  y ante la presencia de Nuestro Señor Jesucristo realmente presente entre nosotros, comienzo expresando palabras de agradecimiento. Ante todo a Dios Nuestro Señor, pues estoy convencido que ha sido él  quien ha puesto todas las razones y motivaciones para dar origen a este seminario. Efectivamente    cuando no existía ni en la mente del obispo ni del presbiterio la creación de un seminario, de pronto se presentan las circunstancias que hicieron necesaria e impostergable su creación. Por eso no tengo duda que aquí está presente la mano de Dios y así lo hemos visto en estos seis años de existencia fructuosa para la diócesis de Barinas.

          Después de Dios debo agradecer a mucha gente y quiero poner en esta Eucaristía  a ese mundo de personas que han jugado un importante papel en nuestro seminario. En primer lugar al rector  y a los dos que lo han precedió en esa responsabilidad   junto con el equipo de sacerdotes  que han llevado en medio de alegrías y tristezas las riendas del seminario. Todos ellos lo han visto crecer externa e interna mente. Ellos han trabajo lo mismo que el maestro de Nazaret en el acompañamiento   y la formación humana y espiritual de los futuros pastores de  nuestra Iglesia. Estoy convencido que   formar sacerdotes conforme a los deseos de Cristo y de la Iglesia,  es una tarea   difícil  como sabemos lo fue también para Jesús.  Infundir unos valores, unos principios y sobre todo una nueva manera de vivir que es  completamente  nueva y extraña para la sociedad en medio de la cual vivimos es ir contra corriente. No es fácil crear valores y modos de conducta nuevos, contrapuestos a los que uno ve en nuestro alrededor. Nunca, para un cristiano y menos para un sacerdote,  podrá ser norma de moralidad lo que vemos como mas común  entre los que nos rodean, sino que la  indeclinable regla moral es nuestra decisión de conformarnos con la única regla de vida que es Cristo.

        Lograr ese trabajo es tarea del seminario y de quienes han sido colocados allí como escultores para esculpir en los alumnos  esa imagen  perfecta del maestro. Uno oye y se da cuenta que hay razones para decir, lo que  algunas veces  dicen  los  formadores de cualquier seminario que su   tarea no es nada fácil y con frecuencia incomprendida.  Es similar a la tarea de los padres de familia  cuyo primer deber es la educación de sus hijos para hacer de ellos lo mejor que se imaginan en su corazón de padres. No faltan hijos que califican a sus padres de severos y rigoristas cuando les exigen lo que piensan que es demasiado,  pero  que después que pasa el tiempo y llegan a grandes, ya con mayor capacidad de reflexión,  es cuando comprenden y viven agradecidos de haber tenido tales padres. Hoy se mira con angustia y preocupación  a los padres de familia  que dejan que sus hijos hagan y actúen libremente como a ellos mejor les parezca, porque toda la sociedad está convencida que tales hijos serán un dolor de cabeza para todos..

     En la formación de los seminarios desde antes de su fundación ya exigía la Iglesia unas condiciones muy rigurosas para todos los que aspiraban a la dignidad sacerdotal. Precisamente por la necesidad de formar pastores como los exigía el pueblo de Dios y como lo exigía su sacramental configuración con Cristo Pastor y maestro del rebaño es por lo que la Iglesia, por la misma inspiración del Espíritu Santo, decreto la creación de los seminarios, para poder formar los pastores como los requería la Iglesia. Después de su creación son innumerables los documentos oficiales del magisterio  de la Iglesia sobre los requisitos exigidos a los candidatos y sobre la formación que debe darse a los pastores.

      Con el nuevo año académico  llegamos al sexto año de la fundación del seminario y al tercer año de Teología, una ocasión para que todos juntos, profesores y alumnos, demos infinitas gracias a Dios porque el racimo de uvas ha ido, no solo creciendo, sino también, madurando y ya cercano a la primera cosecha. Esto es un motivo de inmensa alegría,  pero es también un desafío, no solo para el equipo de formadores del Seminario y para el obispo. sino para todo el presbiterio. Porque los sacerdotes no se forman para servir  al obispo,  ni para servir al presbiterio,  sino para servir a la Iglesia de Cristo, servir a la santificación del pueblo cristiano y eso requiere ser dispensadores creíbles de la gracia y testigos  vivenciales  de una santidad posible frente  a los fieles.       

        Digo que es un desafío porque estoy consciente que aunque estamos enviando sacerdotes a formarse en Universidades del exterior, aun no tenemos todo el equipo requerido para una rigurosa formación intelectual y teológica y no  podemos disponer de todos los recursos humanos  que  posee  nuestra  Iglesia diocesana. Por eso creemos que quien es enviado al exterior a estudiar debe venir con el compromiso formal y de conciencia de enseñar en el seminario. Para lograr la superioridad  académica y espiritual del seminario hay que formar los mejores sacerdotes para servir en la formación de sus futuros hermanos sacerdotes, pero no faltan motivaciones variadas que hace que queden importantes recursos humanos rezagados sin ser debidamente utilizados.

      Pero reconocemos, y hay que estar claros,  que lograr el deseado nivel académico no siempre es fácil, pero es una ineludible exigencia del nivel universitario propio  de  la formación filosófica y teológica del seminario. Debemos convencernos  que el    seminario no es simplemente una estructura  o un espacio físico, sino fundamentalmente, como lo llamara el Papa Juan Pablo II en su carta postsinodal PDV “es una comunidad educativa en camino” o, una comunidad que “ofrece la posibilidad de revivir la experiencia formativa que el Señor  ofreció a los doce”.  Eso es lo queremos que sea el seminario, con el  esfuerzo personal de cada seminarista, de todos los superiores y profesores,  de modo que llegue a ser una continuación de aquella comunidad en la que Jesús formó a sus pastores. 

        Todo este equipo debe, como lo dice la PDV,  formar con la acción del “Espíritu Santo una sola fraternidad, donde colabora cada uno según su propio don en el crecimiento de todos en la fe y en la caridad para que se preparen adecuadamente al sacerdocio” y prolongar en el mundo la presencia salvadora de Jesucristo.

        El seminario es también un desafío  para todos sus  alumnos, pues por la misma deficiencia de sistema educativo nacional no llegan al seminario bien  preparados para afrontar estudios rigurosos como los que se exigen en el seminario. No hay el hábito de estudio serio y responsable y eso nos hace débiles y vulnerables en la parte académica y exige del mismo seminario  buscar alternativas y mecanismos diversos para promover el estudio y la investigación seria de los alumnos. Tengo plena confianza que podemos lograrlo y lo vamos a lograr con la colaboración, por supuesto de los alumnos,  porque sin ellos nada será posible en ese campo. La formación es un campo que involucra en primer lugar al alumno. Sin la participación del alumno en su formación hasta el profesor se siente desilusionado y desestimulado. Nos dice Nuestro Señor Jesucristo “el que deis fruto es la gloria de mi Padre”. Esa es también la gloria del maestro, ver el fruto de sus alumnos. Mientras que la desilusión es no ver su crecimiento.

        Mi tercera acción de gracias que presento ante el Señor es el pueblo católico, a todos los feligreses de las diversas parroquias de Barinas que tanto por su oración como por su ayuda económica perseverante durante todos estos años no han faltado  las vocaciones ni tampoco  la ayuda económica. AMISECBA ha sido un gran instrumento para encausar las pequeñas y grandes contribuciones que a pesar de no contar con una estructura organizativa que acompañe a cada equipo parroquial y a cada bienhechor han venido respondiendo por la generosa  buena voluntad y por amor a la Iglesia y al seminario. Simplemente porque ven lo que es el seminario, ven lo que produce el seminario, ven lo que está ocurriendo aquí cada año que pasa  y se sienten estimulados a apoyar esta obra. El seminario no puede olvidar a esos bienhechores y encomendarlos al Señor y hacerles saber la inmensa gratitud de la Iglesia por  ese servicio.

     Finalmente pido ardientemente al Señor que acepte esta  ofrenda de de acción de gracias   que le presentamos y que escuche y acoja la súplica de nuevas y abundantes bendiciones y gracias para este equipo de profesores y alumnos que se ponen en sus manos al inicio de este nuevo curso académico. Pido igualmente a la Santísima Virgen del Pilar, patrona de nuestra Iglesia y de nuestro seminario,  que con su corazón lleno de ternura de madre, acepte la encomienda que ponemos en sus manos: guiar con su amor de madre este nuevo curso y la formación de quienes serán los futuros representantes de su hijo en medio del pueblo cristiano de Barinas.

     Agradezco a todos, profesores y alumnos  y a todos los cristianos de nuestras parroquias y comunidades eclesiales que hagan suyo este seminario.    Así con la ayuda  de Dios y de la Virgen María y de todo nuestro pueblo, en no muy lejano tiempo, recogeremos con alegría y júbilo  la primea cosecha, que le pedimos a Dios,  sea de muchos  y santos pastores para bien de su Iglesia.  Amén.

Barinas 28 de septiembre año 2009.

  Mons. Ramón Linares Sandoval

Obispo de Barinas