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El Obispo
Los
obispos, imagen del único Buen Pastor, con
fe y esperanza han aceptado su vocación a
servir al Pueblo de Dios conforme a su
corazón. Junto con todos los fieles y en
virtud del Bautismo son, ante todo,
discípulos y miembros del Pueblo de Dios.
Como todos los bautizados, y juntos con
ellos, quieren seguir a Jesús, Maestro de
vida y de verdad, en la comunión de la
Iglesia. (Síntesis, 250)
Como Pastores, servidores del Evangelio, se
saben llamados a vivir el amor a la Iglesia
en la intimidad de la oración y de la
donación de sí a los hermanos y hermanas que
presiden en la caridad. Están decididos a
promover por todos los medios, la caridad y
la santidad de los fieles y se empeñan para
que el pueblo de Dios crezca en la gracia
mediante la celebración de los sacramentos.
Están llamados a anunciar la Buena Nueva,
que es fuente de esperanza para todos, y a
ser ejemplo para sus sacerdotes, diáconos,
consagrados, seminaristas y laicos,
cultivando de manera especial el vínculo que
los une a sus sacerdotes. (Síntesis,
250)
Cada sector del Pueblo de Dios pide
ser acompañado y formado de acuerdo con la
peculiar vocación y ministerio al que ha
sido llamado: el obispo en el
ministerio de la presidencia que edifica la
comunidad… (Síntesis, 297)
Los Sacerdotes
El segundo desafío se refiere a la
cultura. El presbítero está llamado
a conocerla para sembrar en ella la semilla
del Evangelio, es decir, para que el mensaje
de Jesús llegue a ser una interpelación
válida, comprensible, esperanzadora y
relevante para la vida del hombre y de la
mujer de hoy, especialmente para los
jóvenes. Este desafío incluye la necesidad
de potenciar adecuadamente la formación
inicial y permanente de los presbíteros,
especialmente en orden a su competencia
intelectual. (Síntesis, 246)
El tercero es de carácter
existencial. Este desafío se
refiere a los aspectos vitales y afectivos,
al celibato y a una vida espiritual intensa
fundada en la experiencia de Dios; asimismo
al cultivo de relaciones fraternas con los
demás presbíteros, con el obispo y con los
laicos. (Síntesis, 247)
Para que el ministerio del presbítero sea
coherente y testimonial, éste debe amar y
realizar su tarea pastoral en comunión con
el obispo y con sus pares. El ministerio
sacerdotal que brota del Orden Sagrado tiene
una "radical forma comunitaria" y sólo puede
ser desarrollado como una "tarea colectiva"
(PDV 17). (Síntesis, 247)
La
calidad y la santidad de los sacerdotes
dependen, en gran medida, de su cualificada
formación, la que también deberá ser
integral y permanente, humana, espiritual,
intelectual y pastoral, centrada en la
adhesión personal a Jesucristo del cual, por
la Ordenación Sacramental, los presbíteros
son signo-personas. (Síntesis, 306)
Se
deberá prestar especial atención al
proceso de formación humana hacia la madurez,
de tal manera que la vocación al sacerdocio
ministerial de los candidatos llegue a ser
en cada uno un proyecto de vida estable y
definitivo, en medio de una cultura que
exalta lo desechable y lo provisorio. (Síntesis,
308)
Al
mismo tiempo, el Seminario deberá
ofrecer una formación intelectual, seria y
profunda, en el campo de la
filosofía, de las ciencias humanas y,
especialmente, de la teología, a fin de que
el futuro sacerdote aprenda a anunciar la fe
en toda su integridad, atento al contexto
cultural de nuestro tiempo, y a las grandes
corrientes de pensamiento y de conducta que
deberá evangelizar. (Síntesis, 310)
Los Laicos
Pero el campo propio a la vez que
específico de la actividad evangelizadora
laical es el complejo mundo del
trabajo, la cultura, las ciencias y las
artes, la política, los medios de
comunicación y la economía, así como los
ámbitos de la familia, la educación, la vida
profesional, sobre todo en los contextos
donde la Iglesia se hace presente solamente
por ellos (cf. LG 31, 33; GS
43; AA 2). (Síntesis, 159)
La
tercera Conferencia General, celebrada en
Puebla, ha definido a los laicos como
"hombres de Iglesia en el corazón
del mundo, y hombres del mundo en el corazón
de la Iglesia" (DP 786).
Mediante ellos, los clamores de nuestros
pueblos son clamores de la comunidad
cristiana, permitiendo que ésta haga suyos
los gozos y las esperanzas, las tristezas y
las angustias de los hombres y mujeres de
nuestro tiempo y que nada, verdaderamente
humano, quede sin eco en el corazón de la
Iglesia (cf. GS 1). (Síntesis,
230)
Como miembros plenos del pueblo de Dios, en
forma personal y asociada, los fieles laicos
reciben dones y carismas del Espíritu Santo,
para la edificación de todo el cuerpo en la
caridad (cf. AA 3). (Síntesis,
230)
La
misión propia y específica de los fieles
laicos la realizan en el corazón del mundo,
y les pide transformar el mundo según
Cristo. Su colaboración con las diversas
actividades pastorales al interior del
Pueblo de Dios es valiosa, pero no ha de
disminuir el despliegue completo de sus
responsabilidades en medio del mundo. (Síntesis,
231)
Es
preciso que los fieles laicos recuperen la
conciencia del carácter cristiano-secular de
su identidad y misión. De ellos depende que
el Evangelio de Cristo renueve la vida
pública de las naciones latinoamericanas. (Síntesis,
231)
Si
hoy toda la Iglesia en América Latina quiere
ponerse en estado de misión, y si en esa
misión quiere llegar a todos, precisamente
allí donde se encuentran, los misioneros ya
no podrán ser sólo los ministros ordenados y
los consagrados y consagradas, sino
principalmente los fieles laicos. (Síntesis,
232)
En
este contexto el fortalecimiento de
variadas asociaciones, movimientos
apostólicos laicales e itinerarios de
formación cristiana, particularmente de
grupos evangelizadores, es un signo
esperanzador. (Síntesis, 234)
En
una sociedad superficial, indiferente y cada
vez más agnóstica, junto a otros laicos,
los miembros de los movimientos
buscan hacer de la fe el factor
estructurante de su vida y de su testimonio
en el servicio del mundo. (Síntesis,
272)
La
sociedad contemporánea, tan compleja, plural
y crecientemente globalizada, sólo puede ser
alcanzada y transformada por los valores del
Evangelio en cada uno de sus variados
sectores, a través del testimonio y la
actividad evangelizadora de laicos y laicas
católicos. (Síntesis, 278)
Los fieles laicos cumplen su
vocación cristiana principalmente en las
tareas seculares. Para los fieles
laicos es una omisión grave abstenerse de
ser presencia cristiana efectiva en el
ambiente en el que se desenvuelven. No
pueden eludir el compromiso de afirmar en
todo momento con coherencia y
responsabilidad las verdades y los valores
que se desprenden de la razón y de la fe. (Síntesis,
279)
Esto requiere ante todo que los
laicos sean honestos, responsables y
eficientes en sus tareas. También supone una
formación doctrinal y especializada
que permita decir palabras autorizadas que
puedan ser escuchadas y respetadas aun en
ambientes escépticos. (Síntesis,
281)
Las
dificultades e incomprensiones que los
fieles laicos experimenten a la hora de dar
testimonio público de la fe en los grandes
ámbitos de la misión, son parte del camino
de santificación que Jesucristo les propuso
al momento de invitarlos a su seguimiento. (Síntesis,
293)
[Descargar:
SÍNTESIS (en español)]
[Descargar:
SÍNTESIS (en inglés)]
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